El matrimonio para toda la vida…no siempre dura igual

Las relaciones en la pareja son más frágiles y flexibles en estos tiempos. En el siglo pasado que no nos queda tan lejos los matrimonios duraban para toda la vida. Venía a significar una especie de vida eterna entre dos personas que se juran lealtad y confianza, sin tomar en cuenta que la confianza a veces se termina por perder y que las personas se terminan por cansar de vivir en pareja. El matrimonio lo aguantaba todo.

La mujer era abnegada. Debía escuchar al marido que traía el dinero a casa y su casa, la casa femenina quiero decir, estaba resumida a las paredes del hogar pero sobre todo a las paredes de la cocina. La mujer aguantaba al marido y el marido aguantaba a la mujer. El matrimonio duraba para siempre y se convertían los protagonistas en una especie de héroes de la humanidad que daban ejemplo a los hijos y ejemplificaban de igual forma los distintos roles que se debían cumplir en la sociedad. El matrimonio era aquella nueva vida que prometía amor incondicional para al final terminar aborreciendo al amor en silencio, traicionándolo y reprochándotelo también en silencio porque nada estaba hecho para cambiar. A nadie se le ocurría el divorcio por el qué dirán. Los matrimonios duraban hasta que la muerte los separe.

Pero todo eso ha cambiado ahora. Y es que los matrimonios de ahora son una suerte de laboratorio donde cada uno juega un rol en específico, donde está de por medio y permanentemente en cuestión los espacios y roles. Es evidente que los tiempos han cambiado y tanto hombres como mujeres se casan pero esos grados de abnegación y fidelidades tormentosas ya no existen. Y aunque siguen existiendo los mismos juramentos, aunque se siguen manteniendo los distintos tipos de protocolos de años atrás, la ruptura está a la orden del día, se han incrementado una serie de abogados que te resuelven el idilio en un pis pas y nadie se muere. Nadie llora la ausencia del uno o del otro porque siempre quedará una nueva oportunidad. Cierto es que quienes vivieron los matrimonios de largo aliento ven como algo que a ellos les parecía casi imposible por el qué dirán de la sociedad, en la actualidad es un trámite que puede durar incluso meses. La gente se divorcia y así como se divorcia se vuelve a casar.

Y es que en ese camino de espinas que es la búsqueda de la felicidad ahora cabemos todos, es algo así como una especie de mercado donde cada uno parece haberse convertido en un producto vendible. Así pues el matrimonio es parte del mismo: un contrato con fecha de caducidad, un trámite que para algunos ni siquiera ya resulta interesante, y aunque sigue teniendo la validez sentimental y aunque la gente se sigue diciendo te querré para toda la vida se entiende pues que es tan solo un juego de palabras reemplazables como aquella persona de la que un día elegimos no saber más.